El sendero entre los mares - CICDE

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El sendero entre los mares
 

camino entre dos mares

1914 es para la historia el año de una de las mayores catástrofes de la humanidad, el del inicio de la Primera Guerra Mundial. Pero fue también el de un acontecimiento que cambió el mundo para bien y que tuvo una trascendencia que superó a cualquier otra en los tiempos modernos. Fue el año de inauguración del Canal de Panamá, el paso que acortaría las distancias de la tierra de manera decisiva y que iba a permitir comunicar por mar los dos grandes océanos, el Atlántico y el Pacífico sin necesidad de rodear las peligrosas aguas del estrecho de Magallanes. En la época del desarrollo del comercio, cuando los viajes se hacen más habituales y necesarios que nunca, la apertura del Canal de Panamá iba a abrir una nueva era en las comunicaciones.

Un camino entre dos mares cuenta justamente esta hazaña que ha quedado olvidada y que resulta una aventura propia de una novela. Cuenta la hazaña y la pone en contexto para destacar su importancia, su enorme complejidad y las dificultades de todo orden que hubo que vencer (financieras, políticas, diplomáticas…) para llevarse a cabo.

Quinientas páginas son muchas páginas. Pero McCullough no las plantea como las de un libro de historia sino como las de un relato de intriga, un relato de intriga minucioso porque apuesta por la biografía y los detalles personales para crear en el lector las sensaciones que rodearon al proyecto y sin las cuales su importancia quedaría desdibujada.

Todo lo que tiene que ver con el Canal lo aborda McCullough, que da muestras de un conocimiento enciclopédico porque son muchos los ángulos desde los que observa y es muy compleja la época de la que habla. Estamos en el momento de la gran industrialización de las potencias europeas y norteamericana, de la euforia que genera el progreso ligado al desarrollo tecnológico, estamos en el período de inestabilidad en Europa que crean las luchas sociales y los enfrentamientos que preceden a la Gran Guerra y en la época de replanteamiento estratégico de las potencias para repartirse la influencia en el mundo. Muchos asuntos y todos ellos con derivadas importantes que condicionan lo que puede parecer que no es más que una obra de ingeniería.

La creación de un canal por Centroamérica era en realidad una idea antigua. La posibilidad de ahorrar miles de millas de navegación se había hecho evidente y se había convertido en necesaria. ¿Necesaria para quién? Para todos los países que vivían del comercio, pero muy principalmente para China y los Estados Unidos. Por ello, los proyectos se fueron sucediendo a lo largo del tiempo y culminaron después de la experiencia exitosa de abrir el Canal de Suez. No era suficiente con querer abrir un canal. Había que tener extraordinarios medios técnicos y también financieros. El canal de Panamá era la mayor obra emprendida nunca en la historia y las dificultades enormes. Hubo que inventar máquinas, hubo que dominar la geografía, hubo que organizar a decenas de miles de trabajadores, hubo que modernizar el transporte, hubo que prestar una atención masiva a la sanidad y hubo que involucrar a la ingeniería más avanzada para poder emprender el proyecto.

Y a pesar de ello, el primer intento fracasó. Fracasó por deficiencias en el planteamiento técnico, por dificultades sobrevenidas ante la imposibilidad de asentar el terreno, de extraer millones de toneladas de piedra, de vencer a las enfermedades y de conseguir el dinero necesario para afrontar tanta tarea. El proyecto francés, con Lesseps a la cabeza –el mismo que había triunfado en el canal de Suez-, con Eiffel desarrollando las esclusas y con la flor y la nata de la ingeniería europea terminó en fracaso. Y culminó en una investigación parlamentaria que McCullough cuenta con detalle, que se convirtió en un escándalo de gran alcance político y que resultó una crisis de alcance nacional en la que grandes y pequeños ahorradores perdieron cuanto tenían. El capitalismo salvaje y fuera de control de los grandes grupos financieros -¿les suena la música?- movilizó el disgusto del país entero y puso las piedras para el desarrollo de un nacionalismo en Francia que terminaría en asuntos tan turbios como el Dreyfuss.

Pero la historia del primer fracaso es sólo la introducción de esta aventura prodigiosa. Detrás de Francia estaban los Estados Unidos que veían ya Latinoamérica como su patio trasero y que trabajaban desde hacía tiempo en cimentar las bases políticas que les permitiera abrir el canal y asegurar la soberanía sobre él. Por un lado, una obra ingente de ingeniería acompañó la realización del proyecto, además de un diseño que aprovecharía todo lo aprendido del fracaso francés. Pero por otro, y nunca reconocido oficialmente, un terremoto político afectó a Colombia, que vivió la amputación de parte de su territorio para la creación del nuevo estado de Panamá por el que debía pasar el canal.

Es conocida la ambigua frase del presidente Truman sobre la intervención de los Estados Unidos en este episodio estratégico para sus intereses en el dominio de las rutas comerciales. Los Estados Unidos, vino a decir, nunca necesitaron fomentar la revuelta militar que supuso a Colombia la pérdida de las tierras de Panamá. Bastó con levantar la bota que hasta el momento mantenía viva la disciplina del ejército colombiano para que las cosas discurrieran a favor de los intereses norteamericanos..

Tal vez McCullough se extienda demasiado en sus divagaciones, tal vez se aproxime en exceso al género de novela histórica para quitar hierro a un relato tan extenso y hacerlo más vivo y agradable a la lectura. Pero el hecho es que cuenta con detalle y con interés para el lector uno de los hechos más relevantes del siglo XX, la construcción de una obra que cambió el mundo, que condicionó el futuro de Centroamérica y que resulta, para el lector de hoy, una aventura de lo más apasionante.

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